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Gollem, Galatea, Pigmalión... Y otros nombres ¿del montón?

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¿Recuerdas tu primer día de trabajo? Los nervios a pleno rendimiento, las pilas puestas y la motivación a tope. 
Llegaste dispuesto a dar lo mejor de ti, a trabajar con ganas y a ser el mejor profesional posible. Y ahora, han pasado 3 meses, 2 años o 10 y ¿qué ha ocurrido? ¿Sigue tan elevada tu motivación y tus ganas de dar como cuando empezaste?
Para la mayoría de las personas la respuesta es no. No se trata de que el trabajo haya dejado de gustarte, ni de que te hayas cansado de la responsabilidad.
Hay muchas personas que, en estos momentos, están buscando empleo. Un porcentaje muy alto están en desempleo, pero hay otras que buscan urgentemente un cambio profesional. ¿Por qué?
Los motivos son variados pero hay uno que es el rey: la falta de motivación.
En psicología existen tres nombres que tienen mucha relación con esta circunstancia: Pigmalión, Galatea y Gollem.
Quizás nunca hayas oído hablar de ellos, pero te afectan. A todos nos llega a afectar uno de los tres, o los tres, en al…

¿De profesión? Emprendedor/a

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Hace ya muchos años tuve una reunión con una persona que me contactó con una idea de negocio. Estaba comenzando a generar su propia empresa y necesitaba ayuda para ciertas áreas, sobre todo en el ámbito de la comunicación.
En aquella reunión pasó más de dos horas explicándome su visión de lo que deseaba crear, con una pasión desbordante. Sin embargo, sobre el papel, sólo existía un ordenador y miles de ideas que brotaban en cascada de su mente.
Así y todo durante la primera hora, me contagió su entusiasmo, podía creer en la viabilidad de su idea y empecé a apasionarme por el proyecto. Y, de pronto, viró de rumbo.
Tenía claro que lo que deseaba crear era una agencia que aglutinase a ciertos comercios y servicios, pero de repente me habló de generar una cadena de restaurantes. Cambió de sendero tan rápido, sin bajar ni un ápice las pulsaciones de su apasionamiento, que me impactó.
Le pregunté a qué se debía que quisiera diversificar el negocio sin haber llegado ni a desarrollarlo y me …

Si tu vida es un Carnaval

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Cuando te paras a observar, descubres en el mundo que te rodea cosas inesperadas, sorprendentes. Algunas feas, tan horribles que erizan la piel y el alma a partes iguales. Otras, tan hermosas, que hacen que vuelvas a creer en la raza humana.
Este fin de semana ha sido una de esas épocas del año en la que observar y dejarte sorprender.
Carnavales. Desde hace años la fiesta del colorido, la diversión, las máscaras y el baile de personalidades.
Un Batman de pelo en pecho empujando a un Joker en miniatura sentado en su carrito. Blancanieves empinando el codo junto a la madrastra, compartiendo risas y confidencias, pero sin manzanas. Dos payasos, tres trapecistas y un domador, cenando en una mesa acompañados de siete leones.
Y me puse a pensar cuánta gente se pone el disfraz ese día y cuánta espera a esa noche para poder quitarse la máscara que se coloca a diario.
Empecé a preguntarme si el lobo se vestirá cada día de Caperucita para pasar desapercibido, si los leones guardarán su melena …

Yo, mi, me y mi ego

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Que no, que no me cuentes historias. Te encanta gustar. Te motiva enseñar tus logros. Mides el éxito en parámetros erróneos. Sobrevuelas el mundo impulsado con las alas de otros y le llamas autoestima a lo que no es más que artificio.
Lo sé. Estamos inmersos en la era del ego. Compartimos fotos de vacaciones, de lugares hermosos, con nuestra mejor cara. Nada tiene de malo. Me encanta verte feliz, disfruto descubriendo los sitios que visitas.
El conflicto aparece cuando dejas de hacerlo por ti y comienza a importarte más la opinión ajena que la propia.
Sentimos que nuestra autoestima aumenta cuando en realidad lo único que alimenta cada like, cada comentario repleto de piropos es el ego. "Uy que suerte, soy admirado, soy querido, me comparten, me comentan, les gusto".
Y el ego crece y crece. Y cuánto más enseñamos, más nos quieren y, en consecuencia, más nos queremos nosotros. Porque molamos.
Entonces el juego se convierte en una rueda cuya inercia le hace complicado frenar. Quere…

Esclavo de la ira

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¿Qué harías si alguien a quién quieres te pidiera que escribieras sobre una de tus actitudes? Si ese rasgo de tu personalidad no fuera uno de los que estás orgullosa, si fuese algo de lo que te avergonzases, ¿lo harías público? ¿Le contarías al mundo tu imperfección? 
Hoy escribo este post porque decidí que sería bueno, que sería quizás terapéutico, pero sobre todo por él. No, no tiene que ver con el mercado laboral, aunque también le afecta. Carece de relación con la actualidad más feroz, pero es un tema perpetuamente de moda.

Soy una persona complicada. Mi toma a tierra está basada en valores, en ideas que me recorren la médula espinal y que, si las arrancase dejaría de vivir. Quizás siguiese respirando y caminando por el mundo, pero no sería yo. Mi esencia se disolvería en un mar de personas, sin que nada hubiese en mí que me hiciera diferente.

Esa escala de valores, basada en la justicia, en la confianza, en la sinceridad, en la amistad, en la fidelidad, en la responsabilidad, en la …

Tu mundo al revés

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Ayer fue domingo. Uno de esos días en los que fuera hace frío, pero en casa hay café caliente, inmejorable compañía y maratón de películas.
Entre unas y otras, surqué los mares con Aquaman, descubrí que la serie Vikingos no es lo mío y volví a ver Del revés.
No sé si conoces la película, en la que nos acercan el cerebro de una persona a través de cinco emociones primordiales. La alegría, la tristeza, la ira, el asco y el miedo, se convierten en personajes protagonistas de una animación.
Seguramente una persona versada en psicología podría extraer mucho más que yo de la hora y media larga que dura la cinta.
Sin embargo, esta vez, me llamó la atención una parte en particular de la película. En ella aparecen lo que denominan recuerdos esenciales, gracias a los cuales se va formando la personalidad de cada individuo, y que dan lugar a pequeñas islas gracias a las que cada uno somos quienes somos.
Pero, ¿son tus islas las mismas que eran hace 10 años, o 5, o 1?
Empecé a pensar en lo inocentes qu…

A oscuras

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Podría haber escrito este post mucho antes.
Quizás pienses que debería haberlo hecho. Que fue frívolo y poco empático hablar de otros temas, mientras un país entero lloraba.
Puede que tengas razón. O no.
Me dolió como a ti. Me mantuve pegada a las noticias como tú. Me angustié con cada nueva voladura necesaria. Sufrí por los mineros que arriesgaban su vida. Tuve en mente a esos padres, a esos abuelos, a las familias del que esperaba la llegada de ayuda y de aquellos que se desgarraban las manos y el alma luchando contra el tiempo para alcanzarle.
Pero no. No quise sumarme al circo que vi erigirse alrededor de todo aquello. Decidí apartarme, porque hasta la crítica más destructiva no es más que otro poco de oportunismo, cuando se hace a destiempo.
Yo no soy Julen. Porque no era mi cuerpo el que yacía en la oscuridad más tenebrosa en una situación que jamás debería haberse producido.
No. Yo no soy la familia de Julen. Porque aunque mi alma voló a su encuentro y mis deseos bailaban al mismo…