Entradas

Diego

Ayer un niño de 11 años se quitó la vida, por no soportar la situación que estaba viviendo en el colegio. Dejó una carta escrita para su familia, agradeciéndoles a cada uno de ellos lo que habían hecho por él en su corta existencia. Es una carta, de su puño y letra que rompe el alma al leerla, por conocer el fatal desenlace que tuvo. En estos momentos, en las aulas de miles de colegios e institutos hay niños sufriendo lo que sufría Diego. Por ser distintos, por tener una personalidad propia, por ser homosexuales, por ser estudioso, por ser aplicados, por llevar gafas. Siempre hemos oído hablar de la crueldad infantil, pero no es cierta. Yo, de pequeña, jamás me he metido con mis compañeros por sus diferencias. En mi casa nunca me hubiesen permitido semejante comportamiento, de haber oído de mi boca cualquier comentario despectivo el castigo habría sido inmediato. De pequeña me llamaban la defensora del diablo, porque siempre era la primera en meterme en medio de cualquiera que insultar...

10 cosas que he aprendido

Imagen
Este 2016 cumplo 10 años desde que me Licencié en la carrera. Sí, hace diez años que tengo el honor de ser una Periodista titulada, aunque no en activo ni con largos años de experiencia, curtida en mil batallas y en pos de la noticia como me gustaría. Desde que abandoné las aulas de la facultad hasta ahora he cambiado mucho, parte por la obligada madurez, parte por las enseñanzas de la vida. Salí de la Universidad con mi título bajo el brazo, encantada de haberme conocido, orgullosa de lo logrado y ávida de comerme el mundo. "Bueno, ahora sólo falta encontrar un puesto de trabajo de lo mío y a disfrutar trabajando de lo que me entusiasma"- pensaba ilusa de mí. Nadie sabe lo dura que puede ser la realidad hasta que se estrella contra ella. De morros. Mil veces. Cientos de prácticas en empresas, trabajos varios como colaboradora sin remuneración, miles de cursos a mis espaldas, formaciones en los temas más variados, golpes contra millones de puertas, timbres de otras ...

Una vez más

Desde que empecé a escribir este blog, por pura pasión, hasta hoy he tenido que pedir disculpas en más de una ocasión. Todos mis lamentos han sido por no poder dedicarle la atención que merecía, que conllevaba la no actualización del mismo todas las veces que debería. Esta vez no ha sido diferente. Me apasiona escribir, opinar y lo hago por vocación, por ese algo que me corre por las venas desde pequeñita. Soy curiosa, charlatana y tengo opinión sobre casi todo, y es rara la ocasión en la que no desee poder compartir mi manera de ver el mundo. Sin embargo, la realidad de la vida me ha llevado a tener que aceptar puestos laborales tan alejados de la comunicación que era difícil volver a ella. Los avatares del destino te llevan por derroteros que en muchas circunstancias no entendemos, pero que tienen su por qué. He pasado más de tres años en un puesto de trabajo que no me satisfacía, en el que no encontraba motivación, en el que no se me permitía la creatividad, la opinión, ni la protes...

¿Qué opinan?

El otro día alguno de mis conocidos me mandó el enlace de un vídeo, que parece ser que ya se ha convertido en un viral en Internet. Nunca he entendido bien esa palabra, ya que tiene para mí connotaciones negativas, cuando la realidad es que en esta era informática, reproducirte por enlaces, webs y redes sociales como una planta conquistadora es lo mejor que te puede pasar como producto. Alguna que otra vez he escrito en este blog respecto a las redes sociales, sobre si cambian a mejor o a peor la vida de las personas. No sé bien qué pensar ya que yo no me considero más feliz ahora que cuando, de niña, no tenía móvil ni Internet. Recuerdo que para llamar a alguien debías esperar a que llegase a casa, cuando dejabas mensajes a los padres de tus amigos y cómo a veces hablar con alguien se convertía en misión imposible por la incompatibilidad horaria. No soy más feliz que antes, pero tampoco lo soy menos. O al menos no por causa de la tecnología. Hoy he leído en un periódico que una mujer ...

Va por ustedes

Muchas cosas han cambiado desde la última vez que escribí en este blog. Tiempo de cambios laborales (a peor, seguramente), de disyuntivas emocionales que no acaban como esperas, de lágrimas secas en el rostro, de corazones endurecidos, de crisis, de falta de dinero, de suicidios como última manera de protesta. Desde que dejé de escribir hasta ahora, la crisis económica ha empeorado, las familias se ahogan en lo que antes era su lugar de paz y ahora es el motivo de sus más profundos temores, los niños no se alimentan correctamente por la falta de empleo e ingresos de sus progenitores. La gente protesta en la calle, sin nada que perder y se les niega el derecho a gritar. Dicen los expertos que el derecho a la pataleta es algo que todo niño debe tener cuando considera que se está teniendo con él un trato injusto. Los adultos carecemos de la imaginación de los niños, de la capacidad de crear en nuestra mente un mundo mejor, de la posibilidad de soñar aún cuando todo a nuestro alrededor se ...

Infancia

Los niños. Esos pequeños seres indefensos de hoy, son la esperanza de mañana. Y digo mañana, porque, lo que hoy se ve lejano de pronto está encima nuestro como un rayo que no sabemos donde ha caído pero su sonido escuchamos sobre nuestras cabezas. Del mismo modo, llega el futuro tan rápido que en sólo un suspiro se ha convertido en pasado. Hoy, dos informaciones apalean las conciencias de quienes todavía la tienen, que son cada día menos. Estados Unidos, cuna de leyes absurdas, tierra de la libertad y de las oportunidades inexistentes se convierte en noticia cada día. Una mujer ha intentado vender a su bebé de tan sólo ocho semanas. La madre en cuestión, Stephanie, si se le puede designar con ese calificativo que implica tantas cosas positivas, tiene 21 años y, la abuela del pequeño ha sido el brazo ejecutor de semejante idea. Tan delictiva legal como moralmente. Si se preguntan cual era el destino del dinero obtenido de la venta, se sorprenderán al saber que no se trata de nada altrui...

La penitencia

Según la Real Academia Española, la palabra penitencia tiene, nada menos que, ocho significados. Muchos de ellos están relacionados con la religión católica y la absolución de los pecados. Al que yo me quiero referir dice así: "Acto de mortificación interior o exterior". Ha de suponerse que la mortificación se da por haber pecado legal o religiosamente, por haber incumplido algún precepto divino o humano y por saberse errado en el acto delictivo. Sin embargo, la penitencia sobre la que escribo estas líneas hoy es bien distinta. Se trata de la que cargan sobre sus hombros unos padres, que en principio no tendrían porque realizar exculpación alguna. Son los padres de una niña conocida tristemente por todos nosotros: Marta del Castillo. Desde la desaparición de esta joven de 17 años, han pasado ya 9 meses. Durante ese tiempo los avances policiales han sido cuantiosos, pero se han dado de bruces con un elemento incontrolabe: la insolencia adolescente. La más vil y rastrera indife...