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Mostrando las entradas etiquetadas como motivación

Más allá del muro

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Esta madrugada se ha estrenado la nueva temporada de Juego de Tronos. Es una serie que, al principio, no me gustaba nada. Dejé de verla casi al empezar y, a pesar de que mucha gente me aseguraba que era estupenda, no terminaba de engancharme. Pero algo pasó un día, no sé qué, y me convertí en una seguidora más de la historia. Hay muchos motivos por los que me gusta. No es una serie fácil , con cientos de personajes, muchas tramas simultáneas y mil enlaces entre ellas, pero araña adeptos nuevos en cada episodio y tiene millones de porqués. Siete familias nobles, un bastardo, un único trono a alcanzar. Tres dragones, gigantes, salvajes, guerra, sexo, traiciones, unos escenarios magistrales (incluida mi tierra en la séptima temporada). Mil y un ingredientes se juntan para hacer de Juego de Tronos una serie de culto. Hoy podría hablarte de la maldad y la bondad de sus personajes, de los siete pecados capitales representados en uno o varios de sus protagonistas o del r...

Gollem, Galatea, Pigmalión... Y otros nombres ¿del montón?

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¿Recuerdas tu primer día de trabajo? Los nervios a pleno rendimiento, las pilas puestas y la motivación a tope.  Llegaste dispuesto a dar lo mejor de ti, a trabajar con ganas y a ser el mejor profesional posible. Y ahora, han pasado 3 meses, 2 años o 10 y ¿qué ha ocurrido? ¿Sigue tan elevada tu motivación y tus ganas de dar como cuando empezaste? Para la mayoría de las personas la respuesta es no. No se trata de que el trabajo haya dejado de gustarte, ni de que te hayas cansado de la responsabilidad. Hay muchas personas que, en estos momentos, están buscando empleo. Un porcentaje muy alto están en desempleo, pero hay otras que buscan urgentemente un cambio profesional. ¿Por qué? Los motivos son variados pero hay uno que es el rey: la falta de motivación . En psicología existen tres nombres que tienen mucha relación con esta circunstancia: Pigmalión, Galatea y Gollem . Quizás nunca hayas oído hablar de ellos, pero te afectan. A todos nos llega a ...

Yo, mi, me y mi ego

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Que no, que no me cuentes historias. Te encanta gustar. Te motiva enseñar tus logros. Mides el éxito en parámetros erróneos. Sobrevuelas el mundo impulsado con las alas de otros y le llamas autoestima a lo que no es más que artificio. Lo sé. Estamos inmersos en la era del ego. Compartimos fotos de vacaciones, de lugares hermosos, con nuestra mejor cara. Nada tiene de malo. Me encanta verte feliz, disfruto descubriendo los sitios que visitas. El conflicto aparece cuando dejas de hacerlo por ti y comienza a importarte más la opinión ajena que la propia. Sentimos que nuestra autoestima aumenta cuando en realidad lo único que alimenta cada like, cada comentario repleto de piropos es el ego. "Uy que suerte, soy admirado, soy querido, me comparten, me comentan, les gusto". Y el ego crece y crece. Y cuánto más enseñamos, más nos quieren y, en consecuencia, más nos queremos nosotros. Porque molamos . Entonces el juego se convierte en una rueda cuya inercia l...

Esclavo de la ira

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¿Qué harías si alguien a quién quieres te pidiera que escribieras sobre una de tus actitudes? Si ese rasgo de tu personalidad no fuera uno de los que estás orgullosa, si fuese algo de lo que te avergonzases, ¿lo harías público? ¿Le contarías al mundo tu imperfección?  Hoy escribo este post porque decidí que sería bueno, que sería quizás terapéutico, pero sobre todo por él. No, no tiene que ver con el mercado laboral, aunque también le afecta. Carece de relación con la actualidad más feroz, pero es un tema perpetuamente de moda. Soy una persona complicada. Mi toma a tierra está basada en valores, en ideas que me recorren la médula espinal y que, si las arrancase dejaría de vivir. Quizás siguiese respirando y caminando por el mundo, pero no sería yo. Mi esencia se disolvería en un mar de personas, sin que nada hubiese en mí que me hiciera diferente. Esa escala de valores, basada en la justicia, en la confianza, en la sinceridad, en la amistad, en la fidelidad, en l...

Tu mundo al revés

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Ayer fue domingo . Uno de esos días en los que fuera hace frío, pero en casa hay café caliente, inmejorable compañía y maratón de películas. Entre unas y otras, surqué los mares con Aquaman, descubrí que la serie Vikingos no es lo mío y volví a ver Del revés. No sé si conoces la película, en la que nos acercan el cerebro de una persona a través de cinco emociones primordiales. La alegría, la tristeza, la ira, el asco y el miedo, se convierten en personajes protagonistas de una animación. Seguramente una persona versada en psicología podría extraer mucho más que yo de la hora y media larga que dura la cinta. Sin embargo, esta vez, me llamó la atención una parte en particular de la película. En ella aparecen lo que denominan recuerdos esenciales, gracias a los cuales se va formando la personalidad de cada individuo , y que dan lugar a pequeñas islas gracias a las que cada uno somos quienes somos. Pero, ¿son tus islas las mismas que eran hace 10 años, o 5, o 1? ...

Sembrando vientos...

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Suelo dirigirme en este blog a personas que están en desempleo, a aquellas que necesitan como yo aprender a gestionar las emociones de una vida que, a veces nos queda grande. Hoy sin embargo, te quiero escribir a ti . A vosotros. A esos seres superpoderosos que cuentan con un cargo en una compañía, lo suficientemente elevado para tomar decisiones empresariales. Lo primero que quiero decirte es que te entiendo. El fin último de todo negocio es el de generar beneficios , ganar dinero y aumentar el valor. Pero siempre hay miles de maneras diferentes de hacer lo mismo. Parece que la situación económica comienza a tomar un poco de aire, hay empresas que están en pleno proceso de crecimiento y es en estos instantes en los que aparecen nuevas necesidades. Pero cuando llega la hora de aumentar la plantilla, ¿haces un estudio exhaustivo de tus necesidades? ¿Te paras a examinar cada puesto de trabajo, para otorgarle a las personas contratadas las herramientas para ser más pr...

Corta el hilo

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"Bien". La respuesta perpetua, automática cuando nos preguntan cómo estamos. Hemos aprendido a decirlo, sea verdad o mentira. ¿Por qué? Hay varias razones para ello. La primera es que sabemos que la mayoría de las veces se trata de una pregunta retórica. La mayoría de personas nos lo preguntan como una muletilla, una manera de saludarnos, una frase que ha perdido todo significado.  Las conversaciones suelen comenzar con un "hola! qué tal?" pero no esperan una respuesta sincera, es sólo la introducción a lo que vendrá después. Por eso, la contestación es siempre un: "bien, y tú?" "bien también. Oye, te llamo porque..." Y así  se nos mueren los lamentos en la garganta. Se nos encoge el pecho y seguimos adelante estando bien.  Forzándonos a estarlo, suframos o no. Lloremos o no. Tengamos uno o millones de problemas. Por otro lado, tendemos a informar al mundo de que estamos de maravilla, porque no es socialmente aceptable no esta...

Preso de tu miedo

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Esta historia es la mía, la tuya, la de cualquier persona que haya pisado la faz de la tierra. Es una historia con un protagonista y aunque deberías ser tú, no lo eres. En un momento de tu sendero decidiste ceder el papel principal a otro elemento que se ha colado en tus días. Un espontáneo de cinco letras. Sólo cinco y en ellas se condensan tantas emociones que se te hace casi imposible gestionarlas. Miedo. El miedo es un mecanismo de defensa anclado en nuestra memoria genética , tan enraizado en nuestro subconsciente que resulta casi imposible desactivarlo. Llevas años alimentando los temores que te han hecho encerrarte en tu botella de cristal. Miedo al fracaso, a lo desconocido, miedo a decidir. Y así vives, observando el mundo desde la vitrina que te has construido para que nada pueda herirte.   Negativas y fracasos te han convencido de que únicamente estás a salvo y seguro en ese espacio ínfimo en el que te permites vivir. De lo que no te das cuenta es que tu r...

Blue Monday, ¿en serio?

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Prepárate, coge el helado, compra chocolate y agárrate fuerte. ¡Ha llegado el Blue Monday! Sí, sí. Hoy, 15 de Enero, es el día más triste del año. No importa que no lo sea para ti. Da igual que se lo inventase una agencia de viajes para vender más. En este mundo loco que hemos creado no se valora que pienses.  Lo que importa no es la verdad, lo que vale es la creencia general y el condicionamiento que provoca. Durante años, el inventor de la fórmula matemática que llevó a la conclusión de que el tercer lunes de Enero es el día más triste del año, ha intentado evadirse de esa carga. Cliff Arnall utilizó variables, como las deudas acarreadas por los excesos navideños, el retorno a la rutina o la adversa climatología, para crear la fórmula de la tristeza. Viéndolo desde este prisma, no resulta difícil creerse que este día lo tiene todo en contra para ser una jornada maravillosa pero, ¿y si lo fuera? Si de fórmulas matemáticas se trata, hay otra que desglosa la felicidad...